
Los Consagrados Bajo Sacramento formamos un Cuerpo Espiritual, un núcleo de Consagrados en Cristo, cuyo propósito central es vivir en profundidad los Sacramentos que sostienen nuestra consagración: el Bautismo; la Transformación (Pan y Vino) y el Diezmo.
Vivir la consagración bajo los Sacramentos nos permite alcanzar una calidad espiritual, en cuyo estado nos preparamos día a día, tomando conciencia de lo que somos hasta en los más pequeños actos; luchamos contra los viejos lazos, deseos y dependencias de todo tipo que nos atan al mundo, intentando ser coherentes con la promesa contraída con Cristo en el Bautismo: Vivir bajo el Gobierno del Espíritu para llegar a hacer la Voluntad del Padre Celestial.
El Consagrado Bajo Sacramento se haya entre lo más alto del bautizado y el primer nivel efectivo del Sacerdocio. Se empeña por adquirir herramientas, se aboca al estudio y a la práctica del discernimiento; medita y ora diariamente; une sus proyectos personales a sus avances hacia el sacerdocio y se plantea este avance como soporte para sus tareas y planes futuros.
La principal prueba del Consagrado es la obediencia y esta se verifica en la toma de decisiones, que es donde se pone a prueba la Sabiduría de todo Ser espiritual.
Todas estas vivencias del consagrado se potencian en el Cuerpo y la manifestación profunda de este estado de consagración, cuán medida final, será la vivencia real de los tres Sacramentos.
Todo Consagrado Bajo Sacramento está llamado a participar en aspectos del sacerdocio, bajo orientación sacerdotal, que lo induzca y organice para convertirse en un Sacerdote de Cristo.