Todo Consagrado ha sellado su pertenencia a Cristo con el Sacramento del Bautismo, más esa plataforma portentosa en un gran inicio para ser conducidos por Cristo hacia la Meta de conocer la Voluntad del Padre… Luego de aferrar y vivir la nueva vida en el bautismo, otros sacramentos son necesarios como poderes del Reino que actúan y van transformando al consagrado, y como no es posible concebir un Sacramento sin revelación y real transformación, es Cristo, el Dios de la vida que ejerce su poder de transformación en nuestras vidas. El nos transforma, nos vive, nos guía y nos conduce, cuan vía, hacia la Voluntad del Padre, bajo la plataforma divina de los primeros sacramentos de la consagración: Bautismo, Transformación (Pan y Vino) y Diezmo.
El Espíritu Santo nos da visión, sabiduría y autoridad espiritual para avanzar hacia la Santidad y llegar a hacer la voluntad de nuestro creador. Es la gran madre que nos enseña todo a través de su Magisterio.
Vivir la consagración bajo los Sacramentos, es vivir bajo un estado espiritual mayor al de los primeros pasos de la consagración, porque en el llamado de Cristo para alzar nuestra consagración bajo los sacramentos, se recibe una dádiva bendita que es el Don del Espíritu Santo, el poder de revelación de todo misterio. Vivir el Don es vivir la verdad del Espíritu. Y así como el camino de consagración es gradual y paulatino, del mismo modo la vivencia con el Don del Espíritu Santo, su comprensión y su acción plena, es gradual y paulatina.
Vivencia Testimonial
¿Cómo aprendo a reconocer el poder del Espíritu Santo y su infinita Sabiduría?
Madre Sabiduría, que fluye en estado de inocencia, sin ego en mí, cuando de mi boca emanan palabras con suavidad, naturalidad, simpleza, libres de toda vanidad, y entonces me doy cuenta que no son mis palabras, es otra inteligencia, con un orden perfecto, con simpleza y profundidad sobre lo que acabo de decir. Ahí entiendo y vivencio el Poder del Santo Espíritu, bendición y Gracia del Cielo para nosotros que debemos aprender a caminar bajo un nuevo orden, que no es de este mundo, es de nuestro Señor JesúsCristo.
Y la Divina Madre, Santo Espíritu, suave y sutil, me entrega claridades en el tiempo preciso de la manera más misteriosa. Y la claridad sobre mis actitudes, comportamientos y modos se amplía, y puedo ver y entender lo que los Santos y Sabios me han estado mostrando desde hace ya un tiempo, que es todo lo que voy requiriendo en este caminar.
Ella, la Raíz, es como sumergirse nuevamente en el vientre materno, es como que nada hay pero está todo a la vez, como que flotas envuelto en una esfera, estás abrigado, no tienes hambre, te acurrucas y te lleva. Te envuelve, no habla, no pide, sólo da y revela misterios, sólo sientes. Luego viene la Luz, el Cristo que pasa su mano frente a mí, mostrando un camino que es Él mismo, un Orden, una Ley por la que debo caminar viviéndola, y para realizarla voy muriendo a cada momento para ser la mujer que Cristo quiere que sea. Él me toma y siento que hay dos columnas que me sostienen con las que mi Ser, este embrión en el Espíritu, es nutrido y criado: una es mi Señor JesúsCristo y la otra la Divina Madre. Ella me muestra, me enseña, y Cristo me impulsa a realizar aquello que ha sido revelado, me da señales, marca la senda, lucha mis batallas, es mi refugio. Son uno solo que actúan armónicamente, cada cual en su rol y me llevan por este camino de regreso a Casa.
Hoy como Consagrada Bajo Sacramento, me doy cuenta que lo que he aprendido y vivenciado en el Espíritu, ha sido gracias al Poder de revelación del Espíritu Santo que fluye en la inocencia.
Lorena Fuentes
Consagrada Bajo Sacramento
Enero 2010